DIBUJANDO EL ALMA HUMANA

“Catolicismo” Nº 05 – Maio de 1951

Una tendencia muy frecuente en los artistas cuya producción típicamente puede considerarse “siglo XX” es la deformación del hombre. Huyendo de copiar la realidad con las formas en que el ojo humano suele verla, la representan con cambios destinados a manifestar su aspecto más profundo. Tomado en teoría, este proceso no es malo. Sin embargo, es digno de mención que, cuando cambian los aspectos actuales de la realidad, muchos artistas, desde los más modernos, de hecho deforman la realidad casi hasta el punto de ser horrible. Entonces, en las pinturas modernas, no es difícil encontrar figuras humanas perfectamente cómicas: cabeza pequeña, hombros ligeramente más anchos que la cabeza, cintura mucho más ancha que la cabeza, cintura mucho más ancha que los hombros, piernas que parecen crecer hasta el tobillo en el que se unen literalmente pies inmensos. En ciertas esculturas, los cuellos no solo son muy gruesos, sino que están deformados y muestran bocios alarmantes en un punto u otro. En resumen, si un mago se le apareciera a un hombre normalmente sensato y le ofreciera un líquido para transformar su fisonomía y su cuerpo en el de una figura tipo de arte moderno, tal ofrecimiento sería seguido por un rechazo inmediato y contundente … Esta obsesión de lo deforme, de lo feo, incluso de lo horrible, en ciertas producciones artísticas llegó a los límites de lo inconcebible. Ver por ejemplo la tabla titulada los cuellos no solo son muy gruesos, sino que están deformados y muestran bocios alarmantes en un punto u otro. En resumen, si un mago se le apareciera a un hombre normalmente sensato y le ofreciera un líquido para transformar su fisonomía y su cuerpo en el de una figura tipo de arte moderno, tal oferta sería seguida por un rechazo inmediato y contundente … Esta obsesión de lo deforme, de lo feo, incluso de lo horrible, en ciertas producciones artísticas llegó a los límites de lo inconcebible. Ver por ejemplo la tabla titulada los cuellos no solo son muy gruesos, sino que están deformados y muestran bocios alarmantes en un punto u otro. En resumen, si un mago se le apareciera a un hombre normalmente sensato y le ofreciera un líquido para transformar su fisionomía y su cuerpo en el de un tipo de figura moderna, tal oferta sería seguida por un rechazo inmediato y contundente … Esta obsesión de lo deforme, de lo feo, incluso de lo horrible, en ciertas producciones artísticas llegó a los límites de lo inconcebible. Ver por ejemplo la tabla titulada y ofrecerle un líquido para transformar su fisonomía y su cuerpo en el de una figura tipográfica de arte moderno, tal oferta sería seguida por un rechazo inmediato y enérgico … Esta obsesión con lo deforme, lo feo, incluso lo horrible, llegó ciertas producciones artísticas hasta los límites de lo inconcebible. Ver por ejemplo la tabla titulada y ofrecerle un líquido para transformar su fisonomía y su cuerpo en el de una figura tipográfica de arte moderno, tal oferta sería seguida por un rechazo inmediato y enérgico … Esta obsesión con lo deforme, lo feo, incluso lo horrible, llegó ciertas producciones artísticas hasta los límites de lo inconcebible. Ver por ejemplo la tabla titulada“Nossa Imagem” ( David Alfaro Siqueiros, “Nuestra imagen actual”, 1947. Col. Museo de Arte Moderno, INBA, México), que publicamos aquí. Es la figura moral de la raza humana, como lo quiso representar un artista típicamente ultramoderno 

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Que hay un mal funcionamiento físico y moral terrible en el universo, y que es lícito que el artista los represente siempre que no se ofendan los buenos modales, nadie lo niega. Sin embargo, pintar solo el horror, no pintar o esculpir sino para deformar,, como si el universo no fuera más que un receptáculo de ignominia, esto es lo que revela un estado mental errado y una concepción indiscutiblemente falsa y peligrosa, tanto de hombres como del mundo. Esta tendencia hacia lo horrible tiene en su raíz una visión desesperada y blasfema de la creación, que es la obra de Dios. Las pinturas o esculturas realizadas bajo la influencia de esta visión deforman el alma; y los ambientes impregnados con este estado mental solo pueden degradar al hombre,

A modo de contraste, aquí presentamos, tomado al azar de la inmensa producción artística de siglos pasados, una pintura que representa a un hombre en su madurez.

Es mucho más que el físico de este hombre, su estado mental, su carácter moral. Es Richelieu, pintado por Philippe de Champaigne en tres actitudes diferentes. Todas las cualidades, y también todos los defectos, del gran estadista se reflejan en este admirable estudio, en el que el alma humana podría retratarse en lo más íntimo, vivo y sutil, sin que el artista deba  recurrir, para ello, a deformaciones. que degradan la naturaleza humana misma.

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